La casa de la columna

diciembre 11, 2006 at 9:10 am (Leyendas del Albayzín)

Dos años hacía que Boabdil abandonara Granada. Con él marcharon los
más leales a su persona. En la ciudad quedaron solo los que prefirieron seguir
disfrutando sus comodidades, mejor que sufrir en los arenosos
desiertos del África las inclemencias de aquella tierra, y los dolorosos recuerdos
de un pasado feliz y delicioso.
El feroz Audallah, de la tribu de los Gomérez, prefirió acompañar al rey en
su desventura, y eso que dejaba en Granada lo que más amaba, a su
adorada Leila, que no podía abandonar la ciudad, pues su padre prefería
morir en el palacio de sus mayores, que dando pruebas de lealtad a sus reyes,
perecer quizás olvidado al otro lado del Estrecho.
Dolorosa fue la separación de los dos amantes. Leila permaneció largo rato
contemplando a su amante que desaparecía, y en un gran ajimez partido
por una columna de blanco mármol, vertía lágrimas de amargura,
creyéndose para siempre separada de su adorado Gbmer. Sin embargo,
recordaba en medio de sus amarguras que este le había alentado para que
siempre conservase esperanza en el porvenir.
Triste y meditabunda pasó todo un año la doncella. Nadie lograba arrancarle
de sus eternos pensamientos y en el ajimez de la columna pasaba los días
enteros recordando aquel en el que se despidió Audailah.
Insensible a los encantos de otro amor, soñaba con su dicha, al otro lado de
los mares, cuando una mañana reparó que sobre su predilecto ajimez había
anidado una amorosa pareja de golondrinas. La curiosidad le hizo reparar
en una cinta que una de ellas traía pendiente del cuello y creyendo con
amorosa intuición que pudiera traer noticias para ella interesantes, venidas
de África, aguardó a la noche, y cogiendo al pobre pajarillo, pudo ver
grabada en la cinta esta inscripción: “La ausencia mata, pero siempre
aguardo”.
Su corazón no le había engañado. Esperó al otoño, y al ir a partir aquellas
avecillas, colocó al cuello de la mensajera de sus esperanzas otra cinta con
su letrero que decía: “Esperar es vivir”.
Pero esperó en vano. Llegó la primavera, volvieron las golondrinas y
ninguna nueva de amor le trajeron a la pobre doncella enamorada. Ésta enfermó
agobiada por la tristeza, y cuando estaba peor de su dolencia, se
presentó Audailah con séquito de esclavos. Éste siéndole imposible vivir
lejos de Leíla y de Granada, venía a hacerla su esposa.
La reacción fue muy favorable. La pobre joven sanó bien pronto, se casó con el árabe, y aún refiere la tradición que todos aparecieron más tarde
como cristianos, siendo desde entonces la Casa de la Columna (junto a
Santa Isabel), la mansión predilecta de las golondrinas y su precioso ajimez,
que aún hoy se conserva, el sitio que tuviera la enamorada pareja para
recordar los sufrimientos que pasaran durante su separación.

albayzin3.jpg

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3 comentarios

  1. birkoff_[!2] said,


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  2. Lloviendo centellas said,

    Lo cierto es que Boabdil primero se refugió en Laujar, corazón de la Alpujarra Almeriense, donde aún se conserva su casa. Pasó allí muchos años y sólo acabó cruzando el mar al final de su vida. Un saludo.

  3. Spain weather said,

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